// Editorial

Escribir una editorial debe ser una tarea titánica, repleta de eufemismos y destructora de neuronas. Supongo que eso debe suceder en los grandes conglomerados periodísticos, que tratan de no alinearse con ningún partido o tendencia política, pero que finalmente todo el país sabe para donde apuntan ¿o no?

Agustín Edward Ross dijo estas palabras y ahora mismo debe estar revolcándose en su tumba viendo cómo su sueño se hizo pedazos: “Seguir las líneas de conducta tradicionales del diario, de alejamiento de las luchas políticas enconadas, de constante servicio a la cultura y al progreso nacional y, sobre todo, con el ánimo de que sea El Mercurio un órgano adecuado para servir de moderador de las extremas pasiones cívicas que dividen a los hombres”.

Cité al señor Edward Ross no para irme en contra de El Mercurio, sino que para graficar lo irónico y casi chistoso que resulta leer esas palabras que fueron pronunciadas hace más de un siglo. Eso sueños, amigo mío, dejaron de existir hace mucho, mucho tiempo. En los ’70 la frasecita de El Mercurio miente era pan de cada día, hoy podríamos decir que El Mercurio lucra, y está bien.

Los medios de comunicación nacieron para servir a un público, en la actualidad se sirven de sí mismos. Ya ni siquiera les importa vender, con el avisaje y los auspicios se llenan los bolsillos de plata, y está bien. Pero no está bien cuando la información que entregan es pobre, barata, poco trabajada, llena de errores, poco seria y con mil defectos más, que vemos, leemos y escuchamos a diario.

Ahora, por qué me di la lata de escribir todo eso, sólo para graficar una cosa, en GRITA.cl no actuaremos de ese modo, nuestro fin no es lucrar, ni abanderarnos con un partido, sino que entregar la información de la mejor y más exhaustiva forma, tal vez, revivir ese sueño que tuvo una vez un hombre.

Nos escasean los recursos, hacemos todo con las manos, a veces nos equivocamos, otras veces somos muy certeros, peleamos contra pesos pesados para poder cubrir un miserable evento, tocamos puertas, teléfonos y, a veces, incluso baldosas. No quiero hacer una apología a lo mucho que nos ha costado sacar este proyecto adelante, sólo quiero decir y manifestar a todas las personas generosas que nos leen, que somos unos tipos HONESTOS y nada más.

Rodrigo Díaz de Valdés